Día 1
El fenómeno de la crisis de los 60 como reflejo de una falla neuro/muscular en el entusiasmo de Don Ibas.
Todo este Periplo comenzó a las 16:00 horas del 26 de agosto del 2010. Un taxi de sitio arribó por Don Ibas y su servidor para llevarnos al aeropuerto y volar a nuestro primer destino, Florencia. Don Ibas no podía contenerse de la emoción, ya que como niño iba admirando desde la ventana del automóvil el tráfico de viaducto. En ese tipo de situaciones, el tema siempre es el mismo. El tráfico, los embotellamientos, la cantidad de coches de una urbe de este tamaño, etc.
Al llegar al aeropuerto, el taxista nos ayudó a bajar del portaequipajes las dos maletas y las mochilas de mano de cada quien. La maleta de Don Ibas, por alguna extraña razón pesaba demasiado muchísimo hartamente, y de su maleta de mano no hablemos, porque entre la cantidad de papeles que traía; boletos de avión, reservaciones, direcciones, y la guía Michelín impresa, junto con su cargador de cámara, cargador de celular, cargador de la rasuradora, su cámara de video, cámara de fotos, rasuradora, celular y su botiquín con mil un medicinas para su tratamiento de la próstata; para la desinflamación de la próstata, para recubrir el estomago ya que el desinflamatorio prostático es muy fuerte y le podía provocar la furia de Chuck Norris en su estómago, y muchas otras medicinas que en realidad no tengo idea para que son, hacían de su maleta de mano una mancuerna para fortalecer los brazos. Don Ibas deja en el suelo su mochila de mano, saca de su cartera el respectivo dinero para pagar por el servicio de taxi, me pregunta si nos fumamos un cigarro antes de entrar al aeropuerto, cosa que no se me hizo mala idea, y ya cuando estamos listos para entrar, sucedió. Sucedió aquello que se iba a convertir en el factor determinante del resto del viaje. Don Ibas se agacha para levantar su mochila de mano, y al hacer el esfuerzo de colgársela en la espalda, el estruendo de un alarido hizo volar a los pájaros que posaban sobre el techo del aeropuerto. Tirón en el nervio ciático, y estas fueron sus palabras textuales:
- ¡Chin, chin, chihuahuas! No puede ser. Mi espalda. No me puedo mover.
Recuerden, todo esto sucede a la entrada del aeropuerto en México, lo cual no estaba del todo mal, ya que pudimos acudir a la ayuda del doctor de Don Ibas vía teléfono celular para preguntar como proceder médicamente por el hecho del cocktail de medicamentos previamente recetados, a lo que el doctor, después de reírse y tirar una que otra broma por la situación de Don Ibas, le recetó un relajante muscular anti-inflamatorio que compramos ahí mismo.
Una vez que Don Ibas se toma su nueva medicina, hacemos el check in de las maletas y pasamos al restaurante a tomar, un café para el señor, y una cerveza para su servidor y redactor de este espacio. Pasó el tiempo y al parecer el dolor ciático había desaparecido. La charla siempre fue amena, y cuando el tiempo así lo indicó pasamos a la sala de espera para hacer el abordaje al avión. Don Ibas aun temía por alguna secuela en su espalda, por lo que pidió que yo me hiciera cargo de su mochila de mano. El entusiasmo por comenzar tuvo sus efectos anestesiantes sobre la ciática y pareciera que nada había sucedido. Abordamos y el deleite se hizo aparecer en las hermosas caras de las sobrecargos del vuelo 0439 de Air France. Nos toca un par de afortunados asientos dobles, lo cual nos dejo un poco mas tranquilos, por eso de que no habría nadie mas que te molestara para despertarte para ir al baño y podríamos platicar a gusto. Cada asiento contaba con su propia pantalla de televisión para que cada pasajero decidiera que película, serie o canal de música ver durante el transcurso de vuelo de diez horas. Dentro del menú de películas, había una extensa y amplia selección desde las de jaladas y explosiones hasta uno que otro melodrama francés. En la de series televisivas lo mismo y en los canales de música abundaban los diferentes canales de radio por internet. Curiosamente podrías encontrar otro tipo de entretenimiento. Videojuegos, juegos de mesa y un canal que tuvo sólo una persona de audiencia. El canal es este mapa que traza el trayecto de la aeronave desde su punto de partida hasta su llegada, indicando la velocidad, altura, hora en el destino de llegada y sobre que ciudades sobre vuela el avión, pero en realidad no es mas que un vil dibujo del continente con un avión que avanza excesivamente muy lento. Don Ibas no se perdió un solo segundo de esta transmisión.
Hacemos escala en Paris, transbordamos para tomar el vuelo con rumbo a Florencia. Sugería, el trasbordo, cambiar de terminal, y entre el estrés de llegar a tiempo a la siguiente sala de espera, cargar con las mochilas, pasar aduana y preguntar en un precario y casi nulo francés, las indicaciones para la sala de abordaje. Don Ibas perdió los billetes electrónicos del siguiente vuelo, que en realidad se escondieron solos entre tanto papel y cable que tuvimos que sacar en frente de la sobrecargo que hace el check in al avión. Pero aparecieron. Ya relajados y sentados en nuestros nuevos asientos, regreso la euforia por llegar a Florencia y encontrarnos con Ibas Senior (Rodrigo Ibarrola). Justo antes de que se cerrara la puerta de la aeronave, una de las sobrecargos encontró unas llaves caseras tiradas en el pasillo conductor al avión que obviamente terminaron perteneciéndonos a nosotros, no por ser amigos de lo ajeno, sino porque en realidad descuidamos de todo lo que sacamos de la mochila de mano cuando buscábamos los pases de abordar. Todavía no llegábamos a nuestro primer destino y ya se estaban comenzando a extraviar ciertas cosas con un valor de importancia de medio a alto.
El vuelo duró menos de dos horas, recogimos nuestro equipaje y salimos a tomar un taxi que nos dejara en nuestro hotel. El taxista muy amablemente hacía un esfuerzo para darse a entender con su poco español italianizado y amenizarnos el resto de la tarde que quedaba por delante con consejos de qué lugares visitar o en qué restaurantes cenar. Llegamos al hotel, me bajo a sacar las maletas y mochilas junto con la ayuda de nuestro taxista, mientras que Don Ibas esperaba dentro sacando el dinero del servicio de taxi, y cuando hizo el esfuerzo para salir del coche, sucedió una vez mas y con mayor fuerza. Sucedió que la ciática se hizo presente con un tirón de una magnitud tal, que las golondrinas, que pacíficamente reposaban sobre el techo del edificio sobre el cual estaba localizado nuestro hotel, adelantaran su vuelo de migración. El dolor, claramente era mucho mas fuerte al grado que Don Ibas no podía subir el escalón de la banqueta y estaba trabado a la mitad de la calle. Ibas Senior nos esperaba en la recepción del hotel y al escuchar nuestras voces bajo con singular alegría a festejar nuestra llegada, que el festejo se convirtió en todo menos en un festejo. Fue toda una labor subir a Don Ibas a nuestra habitación, cuidar de las maletas, y hacer el check in en el hotel con vísperas de buscar ayuda médica en un país extranjero.
Todo se convirtió en incertidumbre. No sabíamos que sucedería con Don Ibas, si el dolor cedería o aumentaría aún mas. Hicimos llamadas a México para pedirle ayuda medicinal a Doña Ceci, y lo mas lógico sería que se tomara la misma medicina recetada previamente en el aeropuerto de México. Don Ibas se retorcía de dolor y cualquier mínimo movimiento generaba dolores de tamaño “pega un grito en el cielo”. Se generó un caos entre los tres por no saber que iba a suceder. No se habían entregado bien los papeles en la recepción y no se sabía si la intervención de un doctor local iba a ser necesaria. Después de un par de horas, Don Ibas se tranquilizó un poco y pidió que lo dejáramos dormir y aprovecháramos para ir a cenar. Y así fue, buscamos un restaurante, pedimos “pasta di mare” y cerveza Moretti. Cuando la charla y la cena amenizaba la noche una llamada al celular de Ibas Senior irrumpió con la poca calma lograda después de un día tan tropezado. Don Ibas suplicaba por ayuda. Pedimos la cuenta, que la cuenta tardo bastante tiempo en llegar, compramos un paninni y Nestea para que Don Ibas cenara y corrimos de regreso al hotel. La opción de llamar al doctor se hizo necesaria. Don Ibas en un estado que nunca antes se le había visto. No se sabía que sucedería con la boda a la cual asistiríamos al día siguiente. No sabíamos si iba a ser necesario quedarnos en Florencia hasta que la situación mejorara, el dolor cesara, o un poder divino apareciera.
Un doctor italiano acudió al llamado de auxilio. Afortunadamente parlaba un poco de español e inglés suficiente para hacer comprensiva la situación y las medicinas que se tendrían que comprar para hacer el próximo gran cocktail de medicinas que Don Ibas tendría que tomarse por los próximos ocho días. También inyectole con cortisona para acelerar la desinflamación y recomendó suspender la medicina recetada en el aeropuerto por el doctor mexicano, suspender el tratamiento de la próstata y seguir con rigor, y al pie de la letra, cada cuando y cuales de todas las medicinas se tomaría. Con algo con lo que si fue muy tajante, fue con el hecho de que el reposo sería la clave de su recuperación. Mínimo 48 hrs. de reposo.
Aun estaba pendiente solucionar la ida y vuelta a Castiglioncello para la boda de Valeria y Alessandro. Todos estábamos exhaustos y esperaríamos al día siguiente para ver como amanecería Don Ibas. Lo único que teníamos seguro era donde dormir y pensar en que mañana sale el Sol.